Nobel 2021 de Medicina * David Julius y Ardem Patapoutian

Los científicos David Julius y Ardem Patapoutian ganaron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina 2021. Por sus descubrimientos sobre receptores para la temperatura y el tacto.

El jurado del Instituto Karolinska de Estocolmo, Suecia, premió a los científicos estadounidenses por descubrir la forma en que el sistema nervioso percibe la temperatura y el tacto, información vital para la superviviencia y la interacción humana con el mundo.

Julius, de 65 años, utilizó capsaicina, el componente activo de los chiles, para identificar los sensores nerviosos que permiten que la piel responda al calor.

Patapoutian, de origen libanés y armenio, empleó células sensibles a la presión, con lo que descubrió una nueva clase de sensores que responden a la estimulación mecánica en la piel y los órganos internos.

Esto realmente revela uno de los secretos de la naturaleza (…) En realidad, es algo que es crucial para nuestra supervivencia, por lo que es un descubrimiento muy importante y profundo“, aseguró Patrik Ernfors, miembro del Comité Nobel.

Los beneficios del descubrimiento

Más allá de la importancia conceptual para entender cómo el cuerpo puede percibir los cambios de temperatura o la presión, los expertos resaltan que su investigación muestra potenciales beneficios para la medicina, pues podrían allanar el camino para nuevos analgésicos.

Sus hallazgos arrojan información sobre cómo reducir el dolor crónico relacionado con distintas enfermedades. Entre ellas la artritis, un padecimiento asociado a la inflamación de las articulaciones.

En este sentido, varios laboratorios farmacéuticos adelantan investigaciones para identificar moléculas que actúen sobre los receptores de dolor y poder tratarlos.

“Es uno de esos hallazgos en los que resulta difícil intuir todo el alcance que puede llegar a tener en cuanto a aplicaciones, aunque ya se esté trabajando en algunas, como la gestión del dolor crónico y el control de la presión arterial”, subrayó Óscar Marín, director del Centro de Trastornos del Neurodesarrollo del King’s College de Londres.

“Los descubrimientos de ambos investigadores están relacionados con el conocimiento de cómo los estímulos externos -por ejemplo, causados por temperaturas, sustancias irritantes, señales de contacto, etc- se transmiten hacia el sistema nervioso central”, explicó a Télam el doctor en Ciencias Biológicas de Conicet Gustavo Paratcha, director del Laboratorio de Neurociencia Molecular y Celular Instituto de Biología Celular y Neurociencias (IBCN)-Conicet.

A finales de la década del 90, David Julius comenzó a investigar cuáles eran los receptores celulares que se “activaban” con la capsaicina, el ingrediente picante de los chiles, ya que creía que esto podría proporcionar información fundamental sobre los mecanismos del dolor.

En esa búsqueda identificó un tipo de proteína que permite el paso de iones específicos y las bautizó TRPV1.

“El receptor TRPV1 detecta calor nocivo, temperaturas mayores a 43 grados centígrados, y es también el que detecta cuando comemos algo picante, es decir que esa sensación de ardor que tenemos en la boca también se genera por la activación de estos receptores”, explicó por su parte la doctora en ciencias biomédicas María Florencia Coronel, jefa del Laboratorio de Dolor Asociado al Cáncer en el Instituto de Investigaciones de Medicina Traslacional (Conicet-Universidad Austral).

Tras el descubrimiento de TRPV1, Julius y Ardem Patapoutian hicieron otro avance importante con el descubrimiento de TRPM8 y posteriormente se identificaron varios receptores TRP adicionales que transducen información térmica en el sistema somatosensorial.

“El TRPM8, la M viene de mentol, es un receptor que se activa por sustancias que generan sensación de fresco y por temperaturas de frío”, detalló Coronel.

Y continuó: “En 2010 Patapoutian descubrió también los receptores Piezo, que se activan frente a estímulos táctiles como puede ser una caricia, un abrazo, el contacto de la piel con la ropa, y también con el dolor inducido por estímulos mecánicos, por ejemplo, un cachetazo o un martillazo”.

Coronel, quien trabaja junto a su equipo justamente el rol que tienen los receptores TRP en el dolor que se genera en pacientes que son tratados con quimioterapia y sufren efectos neurotóxicos y en el dolor crónico, contó que Patapoutian presentó a los receptores Piezo en un congreso de dolor neuropático al que ella había asistido.

“Fue sumamente emocionante porque hasta ese momento no se había podido encontrar el mediador en este tipo de estímulos”, recordó.

La investigadora señaló que “todos estos receptores se están estudiando para el desarrollo de terapias para el dolor“.

“Una particularidad que tienen es que se encuentran localizados a nivel periférico, entonces la ventaja que ofrecen es que no es necesario administrar sustancias que tengan efectos a nivel del sistema nervioso central”, explicó.

“Otra tema -señaló – es que como participan tanto en la detección de estímulos inocuos como nocivos no se pueden bloquear directamente porque sino el paciente pierde la posibilidad de detectar estímulos para desarrollar una vida normal”.

Coronel detalló que en la actualidad “ya se utiliza en la práctica clínica el bloqueo del TRPV1 en parches que contiene capsaicina que producen la desensibilización del sector para tratamientos de dolor persistente localizados como la neuralgia pos herpética”.

En tanto que “con el TRPM8 se están diseñando nuevas terapias a través del frío, por ejemplo, en pacientes que tienen neuropatías por quimioterapia, al momento de administrar la quimioterapia se utilizan guantes o botas que están refrigerados que actuarían a este nivel”.

David Julius nació en 1955 en Nueva York (Estados Unidos), se doctoró en 1984 de la Universidad de California, Berkeley, y fue becario postdoctoral en la Universidad de Columbia, en Nueva York; actualmente es profesor en la Universidad de Colorado.

Ardem Patapoutian nació en 1967 en Beirut, Líbano. En su juventud, se mudó de una Beirut devastada por la guerra a Los Ángeles (Estados Unidos); en 1996 se doctoró en el Instituto de Tecnología de California, Pasadena y fue becario postdoctoral en la Universidad de California, San Francisco; desde 2000 es científico en Scripps Research, La Jolla (California), donde ahora es profesor; además es investigador del Instituto Médico Howard Hughes desde 2014.

Fuente: Reuters, Calidad Integral Press y EFE

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